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| desafÍo para expertos en comunicaciÓn: la patinosa comunicaciÓn del 28-J |
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El 28 de junio tenemos una emocionante elección de mitad de término. Las encuestas nos dicen que serán reñidas, y que no hay apuesta segura. Frente a ese escenario, varios partidos han diseñado estrategias que están al límite de lo permitido para poder extraer más votos de los ciudadanos, aunque sea por medio de la confusión. Listas colectoras o espejos, candidatos testimoniales, candidatos homónimos, llevan, entre otras cosas, a una multiplicación de boletas en el cuarto oscuro. El resultado es que el elector deberá elegir entre más opciones que la última vez que fuimos a votar. Esto es lo que se viene. Piensen ahora de dónde venimos. La última vez que votamos en esta megalópolis de Buenos Aires, desde Berazategui hasta Tigre y desde Puerto Madero hasta La Matanza, la experiencia fue tumultuosa. Muchas de las escuelas y otros lugares de votación habilitados quedaron colapsados. Las colas para votar duraban varias horas. Hubo muchas autoridades de mesa que faltaron o llegaron tarde. Faltaron boletas de varios partidos. Recuerden ustedes cómo mucha gente iba y venía a los lugares de votación y finalmente no votaba. Según la Dirección Nacional Electoral, para las presidenciales del 2007 se redujo la cantidad de mesas habilitadas para facilitar la fiscalización a los partidos más chicos, y eso hizo que hubiese más electores por mesa lo que hizo que el tiempo no alcanzara para todos. Lo peor se produjo en el horario del cierre cuando se acumularon todos los retrasos del día y los ciudadanos terminaban de votar a las 9 de la noche, mientras en la televisión ya se difundían hace rato los resultados. Los canales competían por dar primero los boca de urna, y los que decían que querían respetar el horario sabían que no habría penalidades para los que los incumplían. Incluso habría habido un canal de noticias que adelantó su reloj para poder anticiparse ofreciendo resultados. Les recuerdo algunas de las expresiones de aquel día. Dijo Magdalena Ruiz Guiñazú, a las 17.21 de ese domingo por Radio Continental: “Estas historias me hacen acordar a los peores relatos de mi infancia cuando se hablaba del fraude patriótico que los conservadores habían hecho, así llamado fraude patriótico, con aquello de que le pedían las libretas a la gente que era analfabeta y les decían: dame que vos ya votaste. Esa vergüenza nacional me parece que esta gente la está reeditando”. Dijo Franco Salomone, por Radio Mitre, a las 21 horas de ese domingo: “Yo creo que cuando se escriba la historia completa de la elección de hoy se va a escribir un libro de 300 páginas por lo menos y sin necesidad de recurrir a la ficción”. El diario La Nación tituló al día siguiente: “Largas colas en la jornada electoral más caótica desde la vuelta a la democracia”. Y uno de sus periodistas políticos principales, Fernando Laborda, agregó: “Nunca desde la recuperación de la democracia, en 1983, una elección presidencial fue un acto tan complicado y plagado de enredos para tantos ciudadanos”. Unas horas después, desde Clarín, Daniel Santoro, dijo: “En el domingo en cierto sentido se tuvo suerte porque la diferencia entre Cristina y Carrió fue de casi el 20 por ciento. Si la brecha hubiera sido sólo del 2 por ciento hoy estaríamos frente a una crisis política”. La predicción de Santoro se puede cumplir el 28 de junio. Una elección muy competitiva que se produce en una pista de patinaje puede resultar un salto al abismo de una crisis política. Frente a la crisis de organización logística que implicó la pasada elección presidencial, se agregó una crisis comunicacional que la agravó a niveles extremos. Desde el Poder Judicial y el Ministerio del Interior se acusó al diario La Nación de informar, pocos días antes de la elección, que había una deserción masiva de autoridades de mesa. Eso, según los funcionarios, promovió que otras autoridades de mesa se plegaran al faltazo y que muchos ciudadanos desistieran de ir a votar a primera hora para no quedar enganchados como autoridades a cargo. Me consta que la Cámara Nacional Electoral y la Dirección Nacional Electoral están trabajando a full para evitar lo que pasó en la última elección. Pero su dedicación y su conocimiento están en las cuestiones logísticas, y no en las comunicacionales. Y esto puede convertirse en el problema principal. Este es el punto ciego del 28-J. Ese día habrá grandes expertos en llevar agua a su molino, y pocos expertos en comunicar en forma neutral, ordenada y seria. En las presidenciales del 2007 toda la comunicación de la jornada electoral funcionó mal, incluso peor que la dimensión logística. Si la logística funciona mal es posible que con una comunicación clara las personas que van a votar entiendan lo que está pasando y se evite que se extienda el caos. Cuando el avión se cayó al Hudson, eso era evidentemente una crisis, pero los pasajeros mantuvieron la calma y se adaptaron a esa situación pues hubo una comunicación clara. Pero en la última elección nada de eso hubo. Hubo cuatro voceros del Poder Judicial, directamente relacionados con la jornada electoral, que hicieron declaraciones a los medios durante la jornada. En las entrevistas con los periodistas negaban la crisis o decían que no entendían lo que estaba pasando. El momento de máxima confusión fue cuando, el entonces ministro del Interior, Aníbal Fernández, se enteró, a las 18.05 de la tarde, a través del periodista que lo estaba entrevistando por Radio Diez –González Oro- que los comicios se habían extendido hasta las 19 horas en Capital Federal. La Junta Electoral había resuelto eso unos minutos antes y lo comunicó a través de un cable de TELAM. El Poder Judicial no sintió la urgencia de comunicarse con el Ministro del Interior para informarle de su decisión. El Ministro, que supuestamente estaba informando a los periodistas, no podía ni siquiera decir a qué hora terminaban los comicios. El Poder Judicial nos ha aburrido durante décadas con la placa de que “los jueces solo informan a través de su sentencia” y, si bien ya es una frase que nadie asume, esa cultura todavía permanece. Las elecciones son uno de los momentos críticos donde el Poder Judicial peor lo hace en temas de comunicación. El Ministerio del Interior cuenta con la Dirección Nacional Electoral, a cargo del doctor Alejandro Tullio. Este funcionario es ultra profesional pero está lleno de limitaciones políticas y burocráticas para organizar la comunicación de la jornada electoral de un modo prolijo. En la pasada elección sus explicaciones mediáticas durante la caótica jornada tendían más a negar lo que estaba pasando que a darle una explicación de la crisis que hiciera que la gente adoptara la actitud de los pasajeros del Hudson. Para colmo, muchas hacían sus “denuncias” en la guardia electoral que había armado Poder Ciudadano, donde se recibieron 485 denuncias, mientras los jueces no recibían nada. El 83 % de estas denuncias fueron sobre la falta de boletas de partidos de la oposición. Por su parte, muchos periodistas amplificaban la confusión. Se convierten en un megáfono acrítico de todo aquel –sobre todo candidatos con pocos votos, o ciudadanos ofuscados- que quiere dar declaraciones fuertes y altisonantes. Muchas periodistas no entienden cuáles son las autoridades de una elección, confunden el cierre del comicio con el cierre de la votación, y son sumamente veloces en denunciar supuestos fraudes. En conclusión: si el Poder Judicial no unifica u ordena a sus diversos voceros, tanto de Capital como de la provincia de Buenos Aires, y no coordina su comunicación con el Ministerio del Interior, ahora bajo la dupla Florencio Randazzo-Alejandro Tullio, estaremos jugando en una pista resbaladiza que puede desatar una crisis política. Además la comunicación del escrutinio provisorio que hace el Ministerio del Interior también deberá ser bien planificada. La histeria de la noche del domingo deberá ser combatida con comunicación, más aún en una elección donde varios de los principales candidatos tienen como recurso de última instancia la denuncia del fraude.
PD. Les adjunto un estudio sobre el 28 de octubre del 2007 donde aparece la historia mediática de esa jornada.
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